El Ayuntamiento de Valladolid pide implicación a la “sociedad” para evitar el consumo de alcohol entre los más jóvenes

El Ayuntamiento de Valladolid pide implicación a la “sociedad” para evitar el consumo de alcohol entre los más jóvenes Contador Valladolid.- Rodríguez Peña, Romero y Vega, en el Ayuntamiento EUROPA PRESS Publicado 16/11/2017 13:50:36CET VALLADOLID, 16 Nov. (EUROPA PRESS) – El Ayuntamiento de Valladolid ha reclamado hoy “implicación a la sociedad” para tratar de evitar el consumo de alcohol entre los más jóvenes y por ello articula sus medidas en materia de prevención a través …

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Nueva York busca una solución a la epidemia de heroína

El número de muertes por sobredosis de opiáceos ha crecido un 20% en un año en la Gran Manzana. Las autoridades iniciado un plan de choque para afrontar el problema

Vigilia por los muertos de sobredosis en EE UU
Vigilia por los muertos por sobredosis en EEUU en 2015. C. Osorio Getty

La heroína es más letal en la ciudad de Nueva York que la violencia por armas de fuego. Es una realidad que mostró al mundo el actor Philip Seymour Hoffman, cuando en febrero de 2014 fue encontrado muerto en su apartamento en el West Village. La jeringuilla pinchada en su brazo fue también la evidencia más visible de que esa pesadilla que quita el sueño en Estados Unidos no conoce de guetos, porque la epidemia de la adicción cruza todas las líneas económicas y social

La plaga de la heroína está causando estragos en la Gran Manzana. Las muertes por abuso de drogas prácticamente se doblaron desde 2010. El año pasado se registraron 937 fallecidos, frente a 541 hace cinco. Solo en el último año, el incremento fue de casi el 20%. Esto supone que la droga se llevó por delante a 14 de cada 100.000 residentes en la mayor metrópoli de EE UU.

La heroína, en concreto, fue la responsable el año pasado de seis de cada diez muertes por sobredosis, de acuerdo con los últimos datos del Departamento de Salud. En su caso, el incremento de los fallecidos por abuso fue del 160% en el mismo periodo de referencia. Y aunque la población blanca es la más afectada, es en la comunidad latina donde crece más rápido, con un alza del 51% entre 2014 y 2015.

La fiscal neoyorquina Bridget Brennan es rotunda cuando se le pregunta por el problema de la heroína: “Se consume como caramelos”. Atribuye la epidemia a la abundancia en el suministro. Solo en 2014 se confiscó el equivalente a 30 millones de dosis de heroína. “Nunca vimos algo así, ni si quiera durante las epidemias de hace tres y cuatro décadas”, señala James Hunt, agente especial de la DEA.

Las estadísticas muestran que buena parte de los adictos llegan a la heroína porque se enganchan a calmantes como el Fentanyl, que es hasta 100 veces más potente que la morfina. Después, buscan una solución más barata y contundente. Incluso los mezclan. El año pasado, 146 de las muertes por sobredosis están asociadas al Fentanyl. Hace diez años no representaban el 5% de los fallecidos por abuso.

Mary Bassett, la comisaria de salud en la ciudad de Nueva York, se apoya en estos datos para urgir un amplio enfoque para afrontar el problema creciente de la adicción. Va a ampliar el acceso al Naloxone en barrios como el del Bronx o Staten Island. De hecho, ya hay 650 farmacias donde se vende sin receta este medicamento que invierte los efectos de los opiáceos. La policía también debe llevarlo encima para casos de emergencia y se está distribuyendo entre organizaciones vecinales.

Sobredosis y adicción a la heroina en Estados Unidos

El alcalde de Nueva York, Bill de Blasio, anunció en abril la creación de un grupo especial centrado en la prevención y el tratamiento de los adictos. La iniciativa se concentra en la educación del público, pero también a los doctores y consejeros que recetan tratamientos como el fentanyl. “Estas muertes se pueden prevenir”, insiste Mary Bassett. El plan incluye además un sistema de respuesta para ayudar a adictos que ya sufrieron una sobredosis.

El gobernador de Nueva York, Andrew Cuomo, también estampó la pasada primavera su firma en un paquete legislativo para hacer frente a la crisis. Entre las medidas incluye elevar el acceso a tratamientos eliminando la autorización previa de las aseguradoras y ampliando los servicios de emergencia. Se limitan en paralelo las prescripciones a opiáceos y se refuerzan las estrategias de prevención. “Estamos perdiendo demasiadas vidas en nuestra comunidad”, lamenta Terrell Jones, de la organización NY Harm Reduction Educators en Harlem, “hay que hacer todo lo posible para prevenir futuras tragedias”.

En otras ciudades, como Ithaca, han puesto en marcha otro tipo de iniciativas, como la de crear un local en el que los drogodependientes puedan suministrarse la dosis de una manera más segura. Si funciona, su alcalde está convencido de que será posible ayudarles a superar su adicción. La congresista demócrata Linda Rosenthal propone que estos centros de consumo supervisado se establezcan en todo el Estado. Mark Towsend, director de CORNER Project, insiste que son necesarios para evitar que los adictos se pinchen a escondidas en un baño público o solos en sus casas. “La gente seguirá muriendo de forma innecesaria”, augura.

La autoridades y organizaciones locales insisten en que no pueden esperar a que Washington actúe, pese a que se observa una mayor sensibilización de los dirigentes políticos. El problema llega al casar iniciativas en el ámbito de la salud como los centros de inyección con la acción de las fuerzas del orden, porque la policía no puede condonar el uso de una sustancia ilícita sin una ley que lo establezca expresamente.

Sobredosis global

No hay un solo dato que implique que los Gobiernos, demócratas o republicanos, liberales o conservadores, hayan logrado avances para disminuir el consumo de drogas

Imposible no sucumbir a la tentación de aprovechar la sobredosis de opiáceos en la población norteamericana para cobrarles a los Estados Unidos la corresponsabilidad en la lucha contra las drogas que ha puesto a Colombia en la mira de la DEA, del Departamento de Estado y de la construcción de una matriz política de oposición muy eficiente para dañar los procesos de reincorporación posacuerdos con las FARC.

Lo que debería ser un propósito de nación en Colombia para sacar a los cultivadores de coca de la ilegalidad, a los campesinos más vulnerables y quitárselos a los narcotraficantes para siempre, ha resultado tener una reacción pervertida. A pocos parece dolerles que asesinen a tiros a un niño de 7 años, hijo de un jíbaro, en cualquier calle de Bogotá. Solo quienes han vivido la tragedia de un adicto, quienes tienen en la vida una vocación sin falsa modestia ni soberbia en la lengua, son capaces de entender y sacrificar unos votos para enfrentarse a una pelea que está pérdida por ahora.

En Estados Unidos hoy nadie puede decir y no debería hacerlo, que uno u otro es responsable de lo que está pasando. No es una responsabilidad única de Trump aunque haya incumplido la promesa de liberar rápido los recursos para enfrentar la que han llamado la epidemia de los opiáceos. Si de culpables se trata habría que buscarlos incluso de antes de la declaratoria de Guerra contra las drogas de Richard Nixon en 1971.

Con la nueva decisión, Trump garantizará los recursos e incluso anunció medidas que van hasta la fabricación de analgésicos no adictivos, pues el problema en Estados Unidos, por encima de la asquerosa cocaína, es el consumo de medicamentos recetados por ese enorme cartel de traficantes y médicos más los que prefieren el fentanyl y la heroína, 50 veces más potentes que la morfina.

Los grandes medios de comunicación en Estados Unidos, sin excepción, mostraron en las horas previas a que la crisis de los opiáceos terminara en la declaratoria de la emergencia de salud pública de Trump, una realidad que es obligatorio reconocer. Fracasamos. No hay un solo dato que implique que los Gobiernos, demócratas o republicanos, liberales o conservadores, hayan logrado el más mínimo avance para disminuir el consumo y por lo tanto la adicción y muerte de sus habitantes. No hay ideología que explique, no hay más que negocio y la condición humana.

Según datos del Centro de Control de Enfermedades de Estados Unidos publicados por The New YOrk Times, 52.404 personas murieron en 2015, un promedio de 145 personas cada día, alcanzando los niveles de los muertos por Sida. Y no es como piensan muchos, que ha sido siempre así. No. Una cosa es que el uso de sustancias sicoactivas haya ido de la mano con los humanos desde el principio de los tiempos, y otra que la tasa de mortalidad en un país por sobredosis esté en 16 por cada 100 mil habitantes mientas en 1999 era de 6, que en el mundo anualmente 200 mil personas mueran por las drogas y además haga parte de un mercado criminal que deja a su vez miles de muertos por la violencia.

Nada ha funcionado, y no parece que vaya a funcionar. Ya ni siquiera la ecuación de demanda y oferta explica lo suficiente. Las campañas no tienen mayores repercusiones. Ni el “Solo Di No” de Nancy Reagan, ni La Mata que Mata en Colombia, para mencionar las más sonoras. Tampoco hay mucha fe en el anuncio de una campaña masiva preventiva para que los jóvenes no caigan. Desde los 12 años en la mayoría de los estudios ya han probado algún licor o droga, sin que como demuestra un informe de la revista Time haya servido una inversión de 1 billón de dólares, en campañas preventivas, entre 1998 y 2004. Incluso han ocasionado un efecto involuntario de probarlas cuando las mismas apelan al miedo o al castigo.

No hemos encontrado modelos de prevención exitosos y la cura de la adicción está lejos de ser una realidad científicamente por los casos también contabilizados de reincidencia. Los expertos son optimistas en lograr la reducción de muertes por abuso de medicamentos recetados pero el consumo de los ilegales aumentará incluso a un promedio de 70 mil muertos para 2025.

La Comisión Global de Política de Drogas presentó hace menos de un año la propuesta de una reforma de la política de drogas, un enfoque para la descriminalización que tiene tan aterradas a las autoridades colombianas, y plantea los efectos negativos de la erradicación forzada y el necesario paso a la regulación del mercado de las drogas. Llevan más de 5 años presentando evidencias sobre la urgencia de implementar masivamente las terapias de sustitución de opioides. Han entregado cifras irrebatibles del fracaso de las políticas que hemos usado en el mundo.

Es posible probar, así sea temporalmente, cambios en el paradigma punitivo por el de salud pública como en Portugal o la descriminalización del cannabis en California y el ahorro para el sistema de justicia. Y aún más a fondo, las alternativas para los que llama la Comisión los actores de bajo nivel en el tráfico de drogas, como los cultivadores de cultivos ilícitos para quienes la única y gradual solución para que sea sostenible y no un arreglo que los mantenga en una seudomarginación social, debe ser la inversión de largo plazo en desarrollo transversal.

Pero nadie atiende. El negocio debe ser demasiado importante para los diversos Estados, debe ganar mucha gente, debe financiar demasiados procesos electorales, y debe ser que no les importan todos esos muertos, unos 100, mínimo, adicionales a los de ayer, hombres, mujeres y niños, mientras se publica esta columna para que no decidan intentar otras vías.

La vía hoy es la que plantea la Comisión, regular el mercado de drogas porque bien han explicado que el modelo de descriminalizar por sí solo deja en un mundo aún peor al adicto.

Un estudio asocia que el consumo de alcohol y marihuana disminuye el éxito en la vida

Los adultos jóvenes dependientes de la marihuana y el alcohol tienen menos probabilidades de lograr objetivos de vida adulta, según una nueva investigación de científicos del Departamenteo de Salud de la Universidad de Connecticut (‘UConn Health’), en Estados Unidos, presentada este domingo en la Reunión y Exposición Anual 2017 de la Asociación Estadounidense de Salud Pública.

 

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Los adultos jóvenes dependientes de la marihuana y el alcohol tienen menos probabilidades de lograr objetivos de vida adulta, según una nueva investigación de científicos del Departamenteo de Salud de la Universidad de Connecticut (‘UConn Health’), en Estados Unidos, presentada este domingo en la Reunión y Exposición Anual 2017 de la Asociación Estadounidense de Salud Pública.

Los investigadores de ‘UConn Health’ examinaron los datos del Estudio Colaborativo sobre Genética del Alcoholismo (COGA, por sus siglas en inglés) para rastrear el efecto del consumo de alcohol y marihuana adolescente en el logro de los objetivos de la vida, definidos como logros educativos, empleo a tiempo completo, matrimonio y potencial económico social.

El estudio incluye a 1.165 adultos jóvenes de Estados Unidos cuyos hábitos se evaluaron por primera vez a los 12 años y luego a intervalos de dos años hasta que tenían entre 25 y 34 años. La mayoría de los participantes del estudio tenían un abuelo alcohólico, padre, tía o tío.

En general, las personas que dependían de la marihuana o el alcohol durante su adolescencia lograron niveles de educación más bajos, tenían menos probabilidades de estar empleados a tiempo completo, menos probabilidades de casarse y un potencial económico social más bajo.

Un efecto más fuerte en hombres y jóvenes

Este estudio reveló que el consumo crónico de marihuana en la adolescencia se asoció negativamente con el logro de importantes hitos del desarrollo en la edad adulta temprana. Tomar conciencia de los efectos potencialmente nocivos de la marihuana será importante para avanzar, dado el movimiento actual en Estados Unidos hacia la legalización de la marihuana para uso medicinal y posiblemente recreativo”, dice la autora del trabajo, Elizabeth Harari.

Los investigadores también encontraron que la dependencia puede tener un efecto más severo en los hombres jóvenes. Los hombres jóvenes dependientes lograron menos en las cuatro medidas, mientras que las mujeres dependientes presentaban menos probabilidades que las mujeres no dependientes de obtener un título universitario y tenían un menor potencial económico social, pero la misma probabilidad de casarse u obtener un empleo a tiempo completo.

Investigaciones anteriores habían demostrado que el consumo excesivo de alcohol o marihuana en la adolescencia afecta a las personas en desarrollo. Este estudio dio seguimiento a eso, para ver qué sucede después de los 18 años. Los resultados de la vida parecen mostrar que las diferencias son significativas en la edad adulta.

 

La pastilla para alabar a Alá

“Alabado sea Dios”, proclamaba el estado Islámico en su revista Al Naba tras el último atentado perpetrado en Nueva York. El mismo día que nos enterábamos que las autoridades italianas se habían incautado de 24 millones de pastillas de Tramadol que iban destinadas a los terroristas del ISIS, que operan en el norte de África y Medio Oriente. Se trata de una droga que produce efectos analgésicos, excitantes y de resistencia al esfuerzo.

A los moujaidines no les sale gratis el “pastillazo” ya que cada píldora se vende a dos dólares.

Extraña mezcla de alabanzas a Alá y consumo de drogas que, en otros casos, suelen castigar hasta con la muerte.

Lo positivo es que convierten a los combatientes en drogodependientes. Cuando se les pasa el efecto del “chute” no les quedan fuerzas ni para huir.

Lo grave es que todo esto lo hacen, según ellos, para mayor gloria de Alá, lo que evidencia un uso perverso de la religión.

Por cierto, ¿alguien sabe dónde está Bagdadi, el que se presentaba como descendiente del profeta? Este tipo de sujetos, siempre desaparecen cuando hay que dar la cara, como cuando se producen las derrotas de sus ejércitos.

Cometer atentados es tan fácil como tener la voluntad, los medios y la suerte de que no te pillen. Dirigir un califato es otra cosa para lo que hace falta mucha inteligencia y menos píldoras

La criminalización de las personas usuarias de drogas se asocia con un aumento de la prevalencia del VIH

Un análisis innovador demuestra de forma contundente el daño que ejerce la criminalización sobre los programas de tratamiento y prevención del VIH dirigidos a esta población. La gran mayoría de estudios –85 en total (80%)– revelaron que la criminalización afectaría negativamente a la prevención y a los resultados del tratamiento del VIH en personas usuarias de drogas inyectables.

 

Una revisión sistemática de datos –la primera de su tipo que se publica– ha mostrado claramente cómo la criminalización del consumo de drogas afecta de forma negativa a la prevención del VIH y a los resultados del tratamiento en las personas, los programas y la población en general. Asimismo, el análisis aporta pruebas convincentes para la reforma de los marcos legales y políticos que criminalizan el uso de drogas. Los resultados  fueron publicados en el mes de mayo en la revista The Lancet.

El análisis incluyó un total de 106 estudios revisados por pares publicados entre 2006 y 2014. Estos estudios se realizaron principalmente en América del Norte y Asia, aunque también se incluyeron investigaciones de Europa del Este, América del Sur, Oriente Medio; Europa y Oceanía.

La gran mayoría de estudios –85 en total (80%)– revelaron que la criminalización afectaría negativamente a la prevención y a los resultados del tratamiento del VIH en personas usuarias de drogas inyectables. Del resto, 10 (9%) no sugirieron dicha asociación, cinco (5%) indicaron un efecto beneficioso, uno (1%), efectos beneficiosos y negativos, y cinco (5%), efectos nulos y negativos.

El análisis se centró en indicadores clave de la penalización, incluido el encarcelamiento, la vigilancia policial a pie de calle, la legislación y prácticas sobre la parafernalia para el consumo de drogas, las prohibiciones, o restricciones, en intervenciones preventivas del VIH basadas en la evidencia y las estrategias nacionales de drogas.

Estas intervenciones tuvieron efectos negativos sobre los niveles de consumo de drogas intravenosas, prácticas de alto riesgo como el intercambio de jeringuillas, el acceso a equipos de inyección estériles a través de programas de intercambio de jeringuilla y la prevalencia del VIH entre las personas usuarias de drogas inyectables.

Incluso entre los estudios que no asociaron directamente criminalización y VIH, la mitad encontró que las leyes punitivas contra las drogas no daban lugar a reducciones en la frecuencia de su empleo, un cese en su inyección o disminuciones en el consumo de drogas inyectables, a pesar de que esta fue la intención inicial de estas leyes.

Otros estudios no revelaron aumentos en la prevalencia de inyección de drogas cuando se amplió el acceso a programas clave de reducción de daños –como los programas de intercambio de jeringuillas y la salas de inyección supervisada–. Esta es una preocupación común entre los que se oponen a este tipo de intervenciones, pero estos estudios hallaron que con intervenciones preventivas del VIH basadas en la evidencia y con programas de tratamiento era poco probable que aumentase las tasas de consumo de drogas.

La revisión se suma a la creciente evidencia, acumulada durante más de dos décadas, lo que sugiere que las leyes y políticas que prohíben el consumo de drogas ilegales podrían desempeñar un papel central en perjuicio de la salud de las personas usuarias de drogas inyectables.

Los autores concluyen que “se requerirán de forma prioritaria esfuerzos decisivos para alejarse de las políticas punitivas, incluida la criminalización, para abordar el consumo de drogas inyectables para alcanzar los objetivos de ONUSIDA… Nuestros hallazgos indican que se necesitan con urgencia esfuerzos internacionales para reformar los marcos legales y políticos existentes que intentan limitar los daños asociados al uso de drogas, apoyar con eficacia los esfuerzos de prevención y tratamiento del VIH a nivel mundial y ayudar a poner fin a la epidemia del VIH”.

¿Por qué el alcohol aumenta las ganas de fumar?

La culpa es del cerebro.  Según la ciencia ambas adicciones tienen mecanismos cerebrales comunes que aumentan el placer y por eso, se llevan tan bien juntos. Un estudio desarrollado por un grupo de investigadores del Colegio Baylor de Medicina en Houston, Texas, ha revelado que el tabaco y la nicotina aumentan el consumo de bebidas alcohólicas, en especial si se empieza a fumar desde la adolescencia.

 

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Que la nicotina y el alcohol son adictivos no es un secreto. Que ambas sustancias van de la mano tampoco lo es. Seguramente te has preguntado alguna vez porque cuando bebes las ganas de fumar aumentan, creyendo tal vez que se trata de un fenómeno extraño e individual. Pero no. La realidad es que este hecho es común en la mayoría de los consumidores de bebidas alcohólicas y cigarrillos y la razón no es otra que una jugada del cerebro. Según la ciencia, ambas sustancias aumentan el placer en el organismo y es por eso que se llevan tan bien.

Un estudio desarrollado por un grupo de investigadores del Colegio Baylor de Medicina en Houston, Texas, ha revelado que el tabaco y la nicotina aumentan el consumo de bebidas alcohólicas, en especial si se empieza a fumar desde la adolescencia. Esto ocurre principalmente porque, por separado, ambas sustancias aumentan de forma exagerada la liberación de dopamina (hormona de la felicidad), pero cuando se consumen al mismo tiempo, los adictivos producen interferencias entre sí. En ese sentido, la nicotina se impone al alcohol y hace que la respuesta placentera por parte del cerebro ante el licor sea menor, por lo que necesita una mayor dosis para conseguirla.

Otra de las razones por las que las sustancias comulgan en par es que el alcohol acelera el proceso de metabolización de la nicotina, tal como explica un informe del Comité Nacional de Prevención del Tabaquismo español: “Al beber alcohol, la nicotina se descompone más rápidamente en el organismo y el cerebro pide más; así que se fuma más”.

Cuando se fuma el cerebro necesita más alcohol para obtener efectos de ebriedad. Y lo mismo ocurre a la inversa: cuando se bebe, el cuerpo pide más nicotina para obtener el mismo placer. Este efecto se conoce como tolerancia cruzada.

A esto hay que sumarle lo que en el campo de la psicología se conoce como condicionamiento clásico, un acto que expone que, básicamente, si dos cosas suelen ocurrir juntas, el cerebro acaba asociándolas. En nuestro contexto social es habitual fumar mientras se bebe, por eso ambas acciones terminan siendo relacionadas entre sí por el órgano motor.

Así mismo, según una investigación de la Universidad de Missouri, el tabaco contrarresta el efecto somnoliento del alcohol, hecho que podría significar otra potente causa por la que el organismo despierta la necesidad de combinar ambas drogas.

Es por todo esto que los expertos recomiendan que se suprima el alcohol cuando se pretende dejar de fumar. Sin mencionar que la mezcla del tabaco y licor es una explosiva y peligrosa combinación para la salud. Estudios médicos han revelado que, a la larga, los fumadores y bebedores tiene más probabilidad de sufrir un deterioro cognitivo del 36%, respecto aquellos que solamente beben.